Día 1 – Foro 2016

La Lic. Karla Lechuga, miembro fundador de SONODOC e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, ofreció en su conferencia un acercamiento teórico sobre esta forma de expresión poco explorada en América Latina y parte de los elementos que, a oídos del comité ejecutivo del foro, componen un documental: “Contar historias reales con sonidos”.

Aclaró que una pieza de este tipo no significa omitir la parte visual de un documental cinematográfico, sino que implica una construcción más detallada y compleja de la materia sonora con la que cuenta una historia verídica.

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En su conferencia “El documental sonoro: orígenes, teorías, conceptos y categorización”, Lechuga hizo énfasis en un requisito indispensable para ejercer esta herramienta en la investigación social: “olfato periodístico y sensibilidad emocional para ver aquello que otros no”, misma que, asegura, ha sido poco empleada por periodistas, sociólogos, comunicólogos, antropólogos y productores de radio.

Habló sobre las diferentes nominaciones y significados que le han otorgado autores de Europa y América Latina, así como su origen y categorías a partir de la escucha de fragmentos de diversas obras. Invitó a la lectura de su investigación “El documental sonoro. Una mirada desde América Latina” concluyendo que para escuchar más de esto en nuestras radios, es necesario inculcar su conocimiento desde el aula de estudio.


Conversatorio: La estética radiofónica en el documental sonoro
A la conferencia le siguió un conversatorio sobre la estética radiofónica del documental sonoro, a cargo de otros dos fundadores de SONODOC, Francisco Godínez, Director del Centro de Producciones Radiofónicas (CPR), de Argentina, y Juan Carlos Roque, consultor multimedia y realizador cubano radicado en Holanda.

Godinez Galay comenzó su intervención compartiendo definiciones sobre la estética, para luego señalar que todo contenido, y en particular los radiofónicos, tienen algún tipo de belleza.

Al entrar al tema del documental sonoro, afirmó que este es un género en el que “la belleza es producto de decisiones deliberadas y subjetivas del autor”. Además, mencionó que el género es capaz de explotar al máximo los recursos radiofónicos, y que al enriquecerse así las posibilidades narrativas del autor, “se enriquece también la escucha”.

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Por último, sugirió que la búsqueda estética en una pieza documental, no aparece solo al momento de editar, sino que también se toman decisiones estéticas en la concepción de la idea, el registro, la reunión y jerarquización de los materiales.

Por su parte, Juan Carlos Roque, insistió en que la estética radiofónica en el documental sonoro tiene mucho que ver con lo real maravilloso. La experiencia de más de veinte años trabajando el género le ha hecho ver que lo extraordinario deja de ser lo desconocido para incorporarse a lo real, y que la maravilla es la realidad contada con sonidos.

Roque García dijo que aboga y seguirá abogando porque el documental sonoro sea reconocido como el género que se pasea entre lo periodístico y lo artístico, criterio que defiende desde que lo aprendió de su profesora cubana Gladys Pérez, a quien citó como la primera realizadora latinoamericana en publicar un libro sobre el documental radiofónico, allá por 1992.


“Soy de los que cree que el documental sonoro representa el sonido para ver, por aquello de que dibuja al oído las imágenes que sugiere”, enfatizó, al tiempo que dejó claro que la concepción y montaje el documental sonoro es como un mecanismo interior de un reloj mecánico, es una máquina de precisión de suma complejidad sonora y dramatúrgica.

“Hoy día hablamos del documental sonoro de manera conceptual teniendo en cuenta las múltiples plataformas o medios que lo hacen suyo. Sin embargo, la radio fue su primera casa, lo acogió en su seno como la madre que lo amamantó. Y es que la radio – aseguró- ha sido cuna y lo seguirá siendo, porque la historia sonora de los últimos cien años no se concibe sin apelar a lo que se conserva en los archivos de miles de emisoras en el mundo y que son la fuente bibliográfica de la que nos nutrimos los documentalistas sonoros”.

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